LA EMPRESA

 

Buscar el origen de cada cosa nos permite conocer la verdadera trayectoria de esa órbita del tiempo, que conserva y modifica al unísono formas, ideas y pensamientos.

Ubicado en Santa María departamento de Catamarca, en pleno Valle Calchaquí, la joven diseñadora Pamela Paz nos recibe en su taller de confección de prendas regionales MAPAGÚ.

Se trata de un proyecto que tiene sus orígenes en la infancia de la diseñadora Pamela Paz, en ocasión de ver a su padre restaurar piezas arqueológicas propias de la región del valle calchaquí. Pamela fue registrando en su memoria aquellos diseños puros y definidos que el aborigen plasmó en sus obras. Aquellas figuras nunca dejaron de dar vueltas adentro suyo, mientras crecía en este valle rodeado de montañas de colores, texturas y formas únicas que solo puede captar quien logra una conexión profunda con el lugar.

Así se fue gestando aquello que define a la línea de ropa artesanal MAPAGÚ y la diferencia del resto. Se trata de una forma de comunicación entre el artista y su medio, que se traduce en las piezas que se elaboran en el taller MAPAGÚ.

Alejada de su valle natal durante algunos años, Pamela emprende a su regreso el proyecto de llevar a la ropa, todas esas percepciones del valle que guardaba dentro suyo. Es así que en MAPAGÚ, tapados, sacos, camisacos, chalecos, ruanas, pashminas, son elaborados con el mismo concepto: imprimir a cada prenda elementos como el color, la textura y la forma, de modo que todos ellos  sean únicos, capaces de remitir a la cultura originaria de esta región, imprimiendo a esa particular visión de la vida del aborigen, funcionalidad y actualidad en sus diseños y nuevas herramientas de expresión.

Pamela Paz elige sus modelos siguiendo una línea que ha sabido mantener durante los ocho años que MAPAGÚ lleva cumplidos como un proyecto activo y en permanente interacción con el público. La distinción de sus confecciones, reside en la calidad de las materias primas, todas de la región y de elaboración artesanal que juegan con texturas variadas y tramas que se tejen con antiguos sistemas de telares accionados a pala o pedalera, que MAPAGÚ rescata de su camino al olvido, añadiendo originalidad a las prendas.

Pamela acostumbró a quienes usan sus creaciones, a una elaboración personalizada para la que adapta su estilo personal a los requerimientos de cada cliente, ofreciendo siempre obras con alto cuidado en el proceso de confección y terminación de cada prenda. Para ello cuenta una variada propuesta de texturas, barracanes y telas rústicas elaboradas en lanas de llama y de oveja y una paleta de colores de una gran calidez y elegancia que incluye los colores tierra en toda su gama de ocres, marrones, mostazas, óxidos, púrpuras y rojos a los que se suman los azules y los infaltables blanco y negro.

Los detalles de terminación de cada prenda son tan artesanales y cuidados como su elaboración, todo hecho a mano incluyendo bordados, apliques de una trama sobre otra y el uso de hebillas y botones confeccionados en diferentes maderas de la zona, realizados a pedido de Pamela para sus prendas, por diferentes artesanos que en ocasiones incorporan tallas o calados a dichas piezas para que nada esté librado al azar.

En su taller de costura Pamela transcurre la mayor parte del día, dedicada de lleno a cada detalle de la producción de sus prendas, que incluye tanto el diseño  como el teñido de las mismas, proceso que merece un párrafo aparte por que de él depende nada menos que el carácter de cada pieza. Al teñir las telas, Pamela busca avejentar los colores, atenuando el brillo de los mismos para que en la prenda terminada se logre un conjunto armónico, donde color, diseño y textura estén aplicados en partes iguales y ninguno tenga protagonismo absoluto.

Tanto la misma Pamela como su marca MAPAGÚ, han logrado posicionarse en la región como sinónimo de buen gusto y calidad, lo que le ha permitido trascender el valle Calchaquí y llevar sus productos hacia diferentes provincias argentinas y especialmente del sur argentino, en las que los diseños del noroeste ejercen fascinación, quizás por ser portadores de voces para ellos tan lejanas.

A lo largo de sus años de trabajo, Pamela alterna momentos de pura creatividad a nivel instintivo y personal en los que se permite un juego libre, irreverente con sus materias primas, seguidos de trabajos realizados a pedido en los que el desafío reside en unificar lo que MAPAGÚ propone con lo que el cliente anhela, en un proceso que para ella supone el desafío de imprimir el espíritu de su línea a los deseos de un particular. Sin embargo, hoy podemos decir que todo el que viene a MAPAGÚ encontrará aquello que busca y será sorprendido por la originalidad y el buen gusto de sus propuestas.

El trabajo constante y la convicción profunda de perseverar en un mismo estilo, fuera de toda especulación frente a lo que dicta la moda desde lo comercial, fueron la clave para que MAPAGÚ sea digna portadora de una línea de pensamiento en la que Pamela se posiciona y en la que es cada vez más difícil mantenerse con autenticidad. Aquella que hace de cada producto una manifestación artística que recrea una percepción del mundo y una imaginería pertenecientes a una cultura ancestral, asumiendo el desafío de decir cosas nuevas reubicando las mismas palabras, codificando nuevos planos con los mismos diseños para conquistar espacios aún desconocidos.

MAPAGÚ ha desenterrado el baúl de los tesoros del valle y como en un juego de niños las piezas se acomodaron de una forma diferente. Los vientos soplaron un nuevo tiempo en el que una cultura del pasado se niega a callar su grito y busca en cada lugar de su basto territorio quien la descifre, quien lleve a los hombres de hoy, una prueba de esa comunión con el mundo en la que vivieron y a la que solo el arte dará acceso.

MAPAGÚ es simple y mágicamente, un taller de costura donde Pamela sigue dibujando las imágenes de su infancia, pintando con los colores del paisaje que la acompañara de la casa a la escuela, y que la acompaña hoy en los largos paseos con Martín, su único hijo.

De eso se trata MAPAGÚ, de un taller de costura donde Pamela con  la aguja en sus manos, va uniendo los pedazos de telas con recortes de cielo, con puñados de tierra, con ramas de cardones y con pequeños trocitos de su corazón, haciendo del arte de sus manos, el lenguaje del alma.